Un refugio del arte amazónico en Pucallpa
En pleno centro de Pucallpa existe una casa donde las raíces de los árboles parecen transformarse en seres humanos, animales y personajes procedentes de la imaginación amazónica. Es la Casa del Escultor Agustín Rivas Vásquez, conocida también como Museo Agustín Rivas Vásquez: un espacio pequeño y singular dedicado a conservar parte de la obra de uno de los representantes más reconocidos de la escultura amazónica peruana.
A diferencia de un museo convencional, este lugar conserva el carácter íntimo de una vivienda y un taller. La experiencia no consiste solamente en contemplar esculturas, sino en ingresar al entorno personal desde el cual Agustín Rivas desarrolló su relación con la madera, la naturaleza y el universo espiritual de la Amazonía.

¿Quién fue Agustín Rivas Vásquez?
Agustín Rivas Vásquez nació en Tamshiyacu, localidad situada a orillas del río Amazonas, en la provincia de Maynas, región Loreto. Algunas fuentes biográficas señalan 1933 como su año de nacimiento, aunque este dato no aparece de manera uniforme en los registros institucionales consultados.
Su trayectoria reunió varios saberes. Fue carpintero, escultor y conocedor de prácticas tradicionales relacionadas con las plantas amazónicas. Una biografía publicada en el año 2000, Amazon Magic: The Life Story of Ayahuasquero and Shaman Don Augustin Rivas Vasquez, recoge en primera persona episodios de su vida y presenta tanto su formación como curandero como el proceso que lo llevó a convertirse en escultor reconocido. Google Books
Rivas encontró su lenguaje artístico en las formas naturales de las raíces y maderas amazónicas. No trataba el material como una superficie completamente neutra: observaba sus curvas, cavidades y prolongaciones para descubrir en ellas figuras posibles. De este modo, la naturaleza participaba en la creación de cada pieza.

Esculturas nacidas de las raíces
El renaco ocupa un lugar central en la historia artística de Agustín Rivas. Se trata de un nombre común aplicado en la Amazonía a árboles —frecuentemente asociados con especies del género Ficus— que desarrollan grandes raíces aéreas y crecen en ambientes húmedos, cerca de ríos, lagunas, pantanos y zonas inundables.
Las formas retorcidas de estas raíces ofrecieron al escultor una materia especialmente apropiada para representar animales, cuerpos humanos y criaturas fantásticas. En lugar de imponer una figura geométrica sobre la madera, Rivas aprovechaba las irregularidades originales de cada pieza. Por eso, sus esculturas conservan la sensación de haber surgido del bosque.
Según la documentación de la Municipalidad Provincial de Coronel Portillo, sus tallados representan personajes míticos y étnicos, además de ejemplares de la flora y la fauna silvestres de la región. La misma institución incluye la casa del escultor entre los espacios culturales y turísticos de Pucallpa. Plan de Desarrollo Urbano de Coronel Portillo 2017-2027
Su trabajo puede interpretarse como un diálogo entre tres elementos: la forma espontánea de la raíz, la intervención manual del artista y el imaginario cultural de la selva. El resultado es una escultura que no separa fácilmente lo humano, lo animal y lo vegetal.

Arte, visiones y tradición amazónica
La producción de Rivas también estuvo vinculada con su experiencia como ayahuasquero. Este aspecto debe explicarse desde su contexto cultural y no reducirse a una simple curiosidad turística.
Un estudio académico de Maria Betânia Albuquerque, basado a su vez en investigaciones sobre vegetalismo y arte amazónico, recoge el relato según el cual Rivas encontró inspiración para trabajar las raíces después de una visión en la que su abuela le mostró un renacal poblado de figuras antropomorfas. Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra
Este relato permite comprender por qué muchas de sus obras poseen un carácter visionario. En ellas aparecen seres que parecen encontrarse a medio camino entre la realidad cotidiana, el mito y el mundo espiritual. Sin embargo, sería impreciso afirmar que toda la escultura amazónica procede de experiencias con ayahuasca. En el caso particular de Rivas, esa relación aparece documentada como parte de su historia personal y de su propio discurso artístico.
Su obra forma parte de una corriente más amplia del arte amazónico peruano en la que la memoria oral, la biodiversidad y las concepciones espirituales del bosque se convierten en recursos visuales. En Pucallpa, este horizonte cultural también está presente en la pintura de artistas como Pablo Amaringo y Eduardo Meza Saravia, aunque cada uno desarrolló un lenguaje propio.

Una casa convertida en museo
La Casa del Escultor Agustín Rivas Vásquez funciona como un museo de carácter doméstico. Allí se exhiben esculturas de madera que representan seres míticos, personajes de la región y formas inspiradas en la fauna y la vegetación amazónicas.
Uno de sus elementos más llamativos se encuentra en la antigua habitación del artista: una cama tallada en una aleta de huanganacasha, descrita como una madera dura, en la que aparece su familia representada en alto relieve. La pieza posee un valor especial porque une la escultura con la memoria familiar y convierte un objeto cotidiano en una narración personal. Esta descripción aparece tanto en información turística local como en la guía cultural publicada por Sunarp para Pucallpa. CADER Sunarp
Las fuentes institucionales y turísticas sitúan el museo en el jirón Tarapacá 861, distrito de Callería, provincia de Coronel Portillo. No obstante, publican horarios diferentes. El Plan de Desarrollo Urbano de 2017 señala visitas de lunes a sábado, de 10:00 a 12:00 y de 15:00 a 17:00, mientras que otras guías ofrecen franjas distintas. Por ese motivo, antes de acudir es recomendable confirmar directamente si el museo está abierto y cuáles son sus condiciones actuales de ingreso.

El llamado “Cristo del Petróleo”
Diversas fuentes peruanas identifican el Cristo del Petróleo como una de las piezas más conocidas de Agustín Rivas y afirman que se conserva en el Vaticano. La información aparece en el Plan de Desarrollo Urbano de Coronel Portillo y en la guía cultural de Sunarp, entre otros registros turísticos.
Sin embargo, no se encontró en las fuentes públicas consultadas un registro catalográfico del Vaticano que permita precisar la fecha de ingreso, la ubicación exacta o las circunstancias de su incorporación. Por rigor, conviene presentar este dato como una afirmación reiterada por instituciones y guías peruanas, pero todavía necesitada de documentación primaria más detallada.
Esta precaución no disminuye la importancia de la obra. Al contrario, muestra la necesidad de investigar y catalogar con mayor profundidad el legado de los artistas amazónicos, cuyas piezas con frecuencia circulan fuera de su región sin dejar registros públicos suficientemente accesibles.

Un patrimonio que necesita atención
La importancia de la Casa del Escultor Agustín Rivas Vásquez no depende de sus dimensiones. Su verdadero valor está en conservar un conjunto artístico estrechamente relacionado con el paisaje, las materias primas y las formas de conocimiento de la Amazonía.
También representa un modelo de museo que puede resultar vulnerable. Las colecciones instaladas en viviendas o espacios familiares suelen contar con menos recursos para la conservación preventiva, el inventario, la investigación y la difusión. La humedad del clima amazónico, los insectos, los cambios de temperatura y el paso del tiempo plantean riesgos particulares para las esculturas de madera.
Proteger este espacio implicaría documentar sus piezas, registrar sus dimensiones y materiales, reconstruir su procedencia y recoger los testimonios de la familia y de quienes conocieron al artista. Una catalogación profesional permitiría diferenciar las obras originales, establecer su cronología y hacer visible la contribución de Rivas a la historia del arte peruano.

Una visita al imaginario de la selva
La Casa del Escultor Agustín Rivas Vásquez ofrece una puerta de entrada a una Amazonía que no puede explicarse solamente por su biodiversidad. En sus esculturas, el bosque aparece también como territorio de memoria, espiritualidad y creación.
Cada raíz conserva parte de la forma que tuvo en la naturaleza, pero la intervención del escultor revela en ella otra presencia: un rostro, un animal, una familia o un personaje mítico. Esa capacidad de encontrar vidas posibles dentro de la madera constituye uno de los rasgos más personales del trabajo de Agustín Rivas.
Visitar su casa-museo significa acercarse a una obra construida desde el conocimiento directo del bosque. También invita a reconocer que la cultura amazónica no es un elemento secundario del patrimonio peruano, sino una tradición artística viva que merece investigación, conservación y difusión.











